Cultivo de HPB

La flauta mágica como víctima de una fantasía desenfrenada

El estreno de la ópera de Mozart "La flauta mágica" en el Teatro de Ópera y Ballet de Voronezh fue tan esperado como dramático. Ahora no estoy hablando de los giros y sorpresas que son inevitables en cualquier producción a gran escala, como el reemplazo urgente del solista durante la acción en la obra el 13 de noviembre.

El estreno se nutrió durante tanto tiempo y de manera tan dolorosa que, lo quieras o no, quieres perdonar fallas, fallas, superposiciones ... Pero hay cosas fundamentales que no se pueden pasar por alto en silencio.

Singspiel de Mozart ha pasado por muchas producciones y decisiones de dirección. Desde el academicismo monumental de Peter Ustinov hasta la carpa de circo de Achim Fryer, desde la cuidadosa innovación de Ingmar Bergman hasta la versión fresca y ultramoderna de Graham Wick en el Teatro Bolshoi.

Estoy dispuesto a aceptar incluso una versión ridícula de La flauta mágica, pero solo si es artísticamente convincente y completa. Pero hay problemas con esto en Voronezh. Con el debido respeto al artista Yevgeny Ivanov, bueno, no hay un concepto visual único en la actuación. La extraordinaria diversidad reina en el escenario. Como de una paleta de colores, de todas las épocas y países, se extrajo un poco de todo y se mezcló en un solo plato. De modo que el hambre (creativa) y la abstinencia prolongada te hacen poner todo en un plato, indiscriminadamente. En este lío estético, incluso los hallazgos indudablemente exitosos se pierden, como la brillante crinolina de la Reina de la Noche.

El mismo problema con la decisión del director (director Alexander Zykov). Con toda la diligencia, en esta actuación no se pudo encontrar ningún rastro del concepto de consejero integral. La acción centellea, salpica y ... se desmorona en piezas-episodios separados, no unidos por el significado, la idea, a través de la acción.

La fantasía del director es abrumadora. En lugar de tres niños gloriosos, tiene seis ángeles con el uniforme de los pilotos de la Fuerza Aérea Estadounidense, tres de los cuales andan en patines, pero no cantan. Un circo-zoológico de animales exóticos haciendo muecas aparece en el escenario tres veces. Al menos dos de estas salidas no tienen carga semántica, salvo el deseo de volver a divertir al público.

La imagen de un cocodrilo recorre toda la actuación. En él, Monostatos tiene cautiva a Pamina. El sabio Sarastro se sienta en él. Un equipo de trabajadores con monos y cascos naranjas mueve el escenario a lo largo de la acción. El coro está vestido de naranja, y el corte de la ropa se toma prestado de los años veinte del "Komsomol". Papageno anda en bicicleta. Luego, Sarastro toma prestada esta bicicleta y la conduce con destreza detrás del escenario en el final del primer acto.

Al final de la actuación, la apoteosis de la razón y la luz es reemplazada por la distribución de helado de un carrito, tomado prestado, en mi opinión, de la opereta "Sebastopol Waltz". Y el cadáver de la Reina de la Noche, que es llevado al escenario en una jaula, ya es de flagrante mal gusto.

El deseo de tirar todo al escenario a la vez, por desgracia, llevó al hecho de que la actuación resultó ser estéticamente basura y tremendamente ecléctica. Al final de la acción, reina el eclecticismo.

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